De un tiempo a esta parte, diversos investigadores han intentado encontrar el origen genético de la felicidad humana, es decir, los genes que favorecen el optimismo y el bienestar. Ahora, científicos de la Universidad de Tel Aviv tratan de identificar exactamente los genes que hacen que nuestra percepción de las cosas sea más positiva o más negativa. En paralelo, investigan también con las aplicaciones de la llamada “psicología positiva” en el tratamiento de pacientes con trastornos neurológicos. Todo en un esfuerzo por aplicar la felicidad a la medicina clínica, y por entender el substrato genético de la dicha para, tal vez, algún día ser capaces de rediseñarla genéticamente.
La búsqueda de la felicidad caracteriza a la condición humana a pesar de que, para aquéllos que sufren estrés, problemas graves o enfermedades crónicas resulte difícil tener una visión positiva de la vida.
Sin embargo, la felicidad es esencial para la salud, aseguran los científicos. Por eso, investigadores de la Universidad de Tel Aviv trabajan actualmente en dos direcciones: intentando descubrir el gen de la felicidad, por un lado, y potenciando la felicidad en individuos con trastornos neurológicos, a través de talleres de una rama de la psicología denominada “psicología positiva”.
Según publica dicha universidad en un comunicado, el profesor Yoram Barak, de la Escuela de Medicina Saclker de la Universidad de Tel Aviv, intenta encontrar el gen de la felicidad, que sería responsable en un 50% del grado de optimismo humano.
Investigando con gemelos
En colaboración con investigadores del mayor hospital de Israel, el Chaim Sheba Medical, en Tel Hashomer, Barak trata de encontrar los genes específicos asociados a la felicidad.
Según él, los primeros resultados de esta investigación señalan que podrán identificarse estos genes. “Si algo es genético, debe observarse una gran coincidencia entre gemelos (que comparten la información genética). Los estudios con gemelos que estamos analizando muestran que el 50% de la felicidad de los individuos viene genéticamente determinada”.
Los descubrimientos realizados hasta ahora por el científico y sus colaboradores han aparecido recientemente publicados en un artículo de la revista especializada Expert Review of Neurotherapeutics.
En él, los investigadores explican que la felicidad es un estado emocional en el que abundan los sentimientos positivos y la satisfacción vital. Pero la importancia de este estado no sólo es que nos aporta bienestar, sino que también influye en nuestra salud.
Ingenieros de la felicidad
Por ejemplo, señalan los científicos, para los individuos que sufren enfermedades neurológicas, la felicidad es importante porque puede disminuir las consecuencias negativas de un daño en el tejido neuronal.
Por otro lado, en diversos estudios se ha relacionado la felicidad con la salud y el éxito en muchas áreas de la vida, incluyendo el rendimiento laboral, los logros deportivos o las relaciones sociales.
De ahí la importancia de tratar de encontrar el origen de la felicidad humana. Según Barak, aún estamos muy lejos de ser capaces de diseñar genéticamente la felicidad. Pero, desde ahora, hay que empezar a pensar positivamente.
También psicología positiva
La otra línea de investigación abierta por Barak y su equipo está basada en la llamada psicología positiva que, según el científico, es “el área de la psicología que más rápido está creciendo en los Estados Unidos y en el mundo”.
Esta rama estudia las bases del bienestar psicológico y de la felicidad, así como de las fortalezas y virtudes humanas, contraponiéndose así al estudio de los aspectos negativos y patológicos del ser humano, característico de la psicología.
Aspectos positivos de nuestra mente, como la creatividad, la inteligencia emocional, el humor, la sabiduría, la felicidad o la resiliencia son los objetos de investigación de la psicología positiva, término acuñado por el profesor Martin Seligman, de la Universidad de Pennsylvania y antiguo Director de la Asociación Americana de Psicología, a finales de los años 90 del siglo pasado.
La aplicación de la psicología positiva permitiría propiciar ese 50% de la felicidad que no es genética en el ser humano. Barak trabaja con ella en talleres, los más recientes realizados con 120 participantes de la Sociedad de Esclerosis Múltiple de Israel.
Según la Universidad de Tel Aviv, los primeros resultados obtenidos de estos talleres indican que la psicología positiva mejoró los niveles de felicidad de los participantes en un 30%.
Este trabajo, según Barak, busca desarrollar “intervenciones y prácticas orientadas a investigar las aplicaciones de la psicología a la medicina”. El estudio de los efectos físicos derivados del estado mental de pacientes con trastornos neurológicos es un intento de tender puentes entre la psicología y la medicina clínica.
Los beneficios psicológicos de los programas de psicología positiva van acompañados por beneficios físicos. El científico afirma que “hemos sido capaces de elevar los niveles de felicidad de estos pacientes, y también hemos podido demostrar que este hecho ha provocado una estabilización en su trastorno neurológico”.
Por tanto, la psicología positiva podría añadirse a los tratamientos ordinarios, y también aplicarse para mejorar la vida de cualquier persona sana.
Genes y felicidad
Volviendo al tema de la genética de la felicidad, éste ha ocupado a diversos investigadores en los últimos tiempos.
En la revista New Scientist, se publicó el pasado mes de febrero un artículo sobre las investigaciones de un equipo de científicos de la Universidad de Essex, en el Reino Unido, que había descubierto que, entre las personas estudiadas, aquéllas que habían heredado dos copias de la variante “larga” del gen 5-HTLPR eran más optimistas.
Los individuos con este gen, que es el encargado de transportar un neurotransmisor llamado serotonina, tendían por naturaleza más que otras personas a evitar las imágenes negativas, prefiriendo más las positivas de un conjunto de imágenes mostradas durante las pruebas, que fueron realizadas con un total de 97 voluntarios.
Estudios previos habían revelado, por el contrario, una tendencia a la negatividad y a la ansiedad entre individuos con al menos una variante corta de este mismo gen. En la revista especializada Proceedings of the Royal Society B los investigadores de la Universidad de Essex detallaron los resultados de sus investigaciones.
Por otro lado, científicos de la Universidad de Edimburgo publicaban en 2008 los resultados de una investigación realizada con 900 parejas de gemelos y de mellizos, que demostró que la herencia genética es la responsable, en gran medida, de la felicidad de las personas.
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jueves, 8 de octubre de 2009
martes, 6 de octubre de 2009
Seres de interespecies
Las quimeras son entidades interespecies, compuestas por una mezcla de ADN de dos o más organismos. Cruzar los límites de las especies puede ocurrir naturalmente (auque ocurre raramente) en animales, tales como la mula, y en plantas, tales como los rododendros. Además, los genes humanos son rutinariamente ubicados en microorganismos para producir insulina que se usa en el tratamiento de personas con diabetes y para producir numerosas otras drogas. Pero surgen nuevas cuestiones morales cuando los científicos proponen hacer criaturas cuya pertenencia al género humano estaría en duda.
Los científicos están actualmente participando en alteraciones genéticas para crear nuevos organismos interespecies para estudiar la función de los genes humanos en otras especies porque ese tipo de evaluaciones no se puede realizar en personas. El proceso científico usa células madres para transferir material humano genético a embriones no humanos. Al entender de una mejor manera el desarrollo de tejidos humanos, tales como el ojo y el cerebro; los científicos piensan que eventualmente serán capaces de reparar o mejorar estos tejidos en los seres humanos. Los nuevos organismos interespecies creados en el laboratorio incluyen un macaco coronado (una especie de mono nativo de la India), con células madres neurales de fetos humanos transplantadas a su cerebro anterior; embriones de pollitos recién nacidos que contienen células madres embrionarias humanas implantadas, y ratones con células madres de embriones humanos en el cerebro. Su creación ha causado muchas preocupaciones tanto por la dudosa eficacia de la ciencia como por las implicaciones éticas. El ímpetu de esta nueva tecnología es evidente en la proliferación de pedidos de patente para nuevas formas de vida.
La National Academy of Sciences (Academia Nacional de Ciencias) recientemente publicó nuevas normas para la investigación con células madres de embriones humanos. Aunque las recomendaciones no sean obligatorias, incluso la Academia (que favorece la creación y destrucción de embriones humanos para obtener células madres) apoyó la creación de quimeras pero se opuso a los experimentos que implican la inserción de células madres de embriones humanos en embriones humanos, de simio o de mono. La posibilidad de que un cerebro humano o casi humano sea encerrado en el cuerpo de un animal es censurable. La enseñanza católica nos dice: "Cambiar la identidad genética de un hombre como persona con la producción de un ser infrahumano es radicalmente inmoral."7
Los científicos están actualmente participando en alteraciones genéticas para crear nuevos organismos interespecies para estudiar la función de los genes humanos en otras especies porque ese tipo de evaluaciones no se puede realizar en personas. El proceso científico usa células madres para transferir material humano genético a embriones no humanos. Al entender de una mejor manera el desarrollo de tejidos humanos, tales como el ojo y el cerebro; los científicos piensan que eventualmente serán capaces de reparar o mejorar estos tejidos en los seres humanos. Los nuevos organismos interespecies creados en el laboratorio incluyen un macaco coronado (una especie de mono nativo de la India), con células madres neurales de fetos humanos transplantadas a su cerebro anterior; embriones de pollitos recién nacidos que contienen células madres embrionarias humanas implantadas, y ratones con células madres de embriones humanos en el cerebro. Su creación ha causado muchas preocupaciones tanto por la dudosa eficacia de la ciencia como por las implicaciones éticas. El ímpetu de esta nueva tecnología es evidente en la proliferación de pedidos de patente para nuevas formas de vida.
La National Academy of Sciences (Academia Nacional de Ciencias) recientemente publicó nuevas normas para la investigación con células madres de embriones humanos. Aunque las recomendaciones no sean obligatorias, incluso la Academia (que favorece la creación y destrucción de embriones humanos para obtener células madres) apoyó la creación de quimeras pero se opuso a los experimentos que implican la inserción de células madres de embriones humanos en embriones humanos, de simio o de mono. La posibilidad de que un cerebro humano o casi humano sea encerrado en el cuerpo de un animal es censurable. La enseñanza católica nos dice: "Cambiar la identidad genética de un hombre como persona con la producción de un ser infrahumano es radicalmente inmoral."7
Mejoramiento genetico
El mejoramiento genético ha surgido como un asunto ético porque implica el poder de rediseñarnos a nosotros mismos, incluyendo el potencial de alterar la esencia misma de lo que significa ser humano. Presenta la opción que requiere la sabiduría de discernir cuando decir "sí" o "no" a esta nueva y poderosa tecnología, y la humildad de saber qué es lo que está más allá de los límites de nuestro entendimiento para evaluar o juzgar.1
¿Es incorrecto producir niños con altura y fuerza alteradas genéticamente para convertirse en estrella de la NBA (llamado "dopaje genético" por la prensa)? Y tome el próximo paso. ¿Por qué no diseñar niños súper inteligentes? Dicho niño podría crecer y descubrir la cura para el cáncer, o una fuente de energía que sin dañar el medio ambiente beneficie a la sociedad. Y, ¿qué hay de malo en rediseñar el envejecimiento humano para que la gente pueda vivir tanto como Abraham y Sara del Antiguo Testamento o incluso Matusalén? o ¿una criatura híbrida con características humanas y animales permitiendo que él (¿eso?) pueda realizar tareas indeseables o peligrosas en la sociedad que otros aborrecen? Algunas de estas situaciones reciben un "no" inmediato, mientras que otras requieren a una deliberación ética" para señalar lo que es correcto o incorrecto.
Hagamos un paso hacia atrás y definamos el mejoramiento genético. Los posibles usos de la tecnología genética están a veces divididos según el propósito: mejoramiento o terapia. El mejoramiento genético significa alterar los genes para mejorar los rasgos humanos o características más allá de lo que se considera "normal" para los humanos, es decir, diferente de los genomas que existen naturalmente (todo el ADN de un organismo). Por contraste, la terapia genética significa alterar los genes que poseen mutaciones peligrosas para prevenir o curar enfermedades. La mayoría concuerda en que un cambio genético que reduce la presencia de una enfermedad devastadora está bien, cuando se hace moralmente.
Hay algunas alteraciones genéticas en cualquiera de los dos polos de las características humanas que son bastante fáciles de clasificar como mejoramiento o terapia. En el caso en cuestión, un cambio genético que cure la fibrosis quística (cística) es sin duda terapia, mientras que producir un ojo humano que pueda ver en la oscuridad es sin lugar a dudas mejoramiento. Sin embargo, hay alteraciones genéticas que se ubican en la zona "gris". Por ejemplo, ¿dónde trazamos la línea en el mejoramiento de una persona de baja estatura –de 4'4" a 5'4" o incluso 6'4"? ¿En qué punto la terapia se vuelve mejoramiento? Podrá ver que la diferencia es difícil de ver y a veces de valor limitado.
El Papa Juan Pablo II usaba la distinción entre terapia y mejoramiento para referirse a la moralidad de las alteraciones genéticas mucho tiempo antes de que fuera científicamente posible llevar acabo dichos cambios en el genoma humano. En 1983, apoyó intervenciones terapéuticas tales como aquellas que afectan las "deficiencias cromosómicas" cuando la intervención promueve el bienestar y no daña la integridad biológica de la persona humana o aumenta el sufrimiento.2 Juan Pablo II también aprobó el mejoramiento genético cuando la intervención "apunta a mejorar las condiciones biológicas humanas" con dos requisitos: la intervención no interfiere con los orígenes de la vida humana en la concepción natural y respeta la dignidad de la persona humana y la "naturaleza biológica común" que provee la base de la libertad humana.
La enseñanza católica, como lo explicaba Juan Pablo II, por lo tanto defiende la esencia humana con su inherente dignidad que merece respeto y protección. Juan Pablo expresó preocupación debido a que el mejoramiento genético podría resultar en cambios que "provoquen marginalización fresca" en el mundo al alterar las características humanas y comprometiendo la integridad de los seres humanos. Advirtió que la intervención genética no debe "ser derivada de una mentalidad racista y materialista dirigida a la felicidad humana la cual es realmente reduccionista. La dignidad del hombre trasciende su condición biológica." Lo que es trascendental en el ser humano, nuestra dignidad y libertad, deben ser protegidas de un ataque tecnológico.3 Estos comentarios revelan la preocupación de Juan Pablo II de que el poder de la genética podría reducir a la persona humana a sus genes, una clase de mentalidad como la de Genes-R-Us (juego de palabras que imita la cadena de juguetes Toys-R-Us) que afirma que somos nuestros genes y nada más. Incluso a niveles puramente sociales/biológicos hay una gran cantidad de evidencia para refutar este enfoque cuando consideramos los asombrosos logros de las personas con discapacidades que triunfan en la vida a pesar de las limitaciones de sus condiciones genéticas y de lo que pueda indicar su ADN.
Sin embargo, sabemos por la demanda de drogas para el mejoramiento de la mente y las tecnologías de reproducción asistida, que el consumidor comprará productos para el mejoramiento genético con el fin de producir niños "diseñados" o "bebés biónicos" en cuanto sea seguro y efectivo rediseñar la programación biológica humana. (Aunque surgen otras cuestiones sobre los procesos científicos para el mejoramiento genético de las personas ya nacidas; dichas intervenciones no interfieren con la procreación ni implican la creación y destrucción de los embriones.)
Es claro que nosotros como sociedad tendremos que crear políticas para dirigir las aplicaciones éticas de esta nueva tecnología; o las fuerzas del mercado solas forjarán el curso del mejoramiento genético y los resultados no serán ni convenientes ni éticos. Para participar de la conversación como católico responsable e informado debemos entender las implicaciones del mejoramiento genético en dos niveles: el proceso científico en sí y las potenciales implicaciones éticas para los individuos y la sociedad.
¿Es incorrecto producir niños con altura y fuerza alteradas genéticamente para convertirse en estrella de la NBA (llamado "dopaje genético" por la prensa)? Y tome el próximo paso. ¿Por qué no diseñar niños súper inteligentes? Dicho niño podría crecer y descubrir la cura para el cáncer, o una fuente de energía que sin dañar el medio ambiente beneficie a la sociedad. Y, ¿qué hay de malo en rediseñar el envejecimiento humano para que la gente pueda vivir tanto como Abraham y Sara del Antiguo Testamento o incluso Matusalén? o ¿una criatura híbrida con características humanas y animales permitiendo que él (¿eso?) pueda realizar tareas indeseables o peligrosas en la sociedad que otros aborrecen? Algunas de estas situaciones reciben un "no" inmediato, mientras que otras requieren a una deliberación ética" para señalar lo que es correcto o incorrecto.
Hagamos un paso hacia atrás y definamos el mejoramiento genético. Los posibles usos de la tecnología genética están a veces divididos según el propósito: mejoramiento o terapia. El mejoramiento genético significa alterar los genes para mejorar los rasgos humanos o características más allá de lo que se considera "normal" para los humanos, es decir, diferente de los genomas que existen naturalmente (todo el ADN de un organismo). Por contraste, la terapia genética significa alterar los genes que poseen mutaciones peligrosas para prevenir o curar enfermedades. La mayoría concuerda en que un cambio genético que reduce la presencia de una enfermedad devastadora está bien, cuando se hace moralmente.
Hay algunas alteraciones genéticas en cualquiera de los dos polos de las características humanas que son bastante fáciles de clasificar como mejoramiento o terapia. En el caso en cuestión, un cambio genético que cure la fibrosis quística (cística) es sin duda terapia, mientras que producir un ojo humano que pueda ver en la oscuridad es sin lugar a dudas mejoramiento. Sin embargo, hay alteraciones genéticas que se ubican en la zona "gris". Por ejemplo, ¿dónde trazamos la línea en el mejoramiento de una persona de baja estatura –de 4'4" a 5'4" o incluso 6'4"? ¿En qué punto la terapia se vuelve mejoramiento? Podrá ver que la diferencia es difícil de ver y a veces de valor limitado.
El Papa Juan Pablo II usaba la distinción entre terapia y mejoramiento para referirse a la moralidad de las alteraciones genéticas mucho tiempo antes de que fuera científicamente posible llevar acabo dichos cambios en el genoma humano. En 1983, apoyó intervenciones terapéuticas tales como aquellas que afectan las "deficiencias cromosómicas" cuando la intervención promueve el bienestar y no daña la integridad biológica de la persona humana o aumenta el sufrimiento.2 Juan Pablo II también aprobó el mejoramiento genético cuando la intervención "apunta a mejorar las condiciones biológicas humanas" con dos requisitos: la intervención no interfiere con los orígenes de la vida humana en la concepción natural y respeta la dignidad de la persona humana y la "naturaleza biológica común" que provee la base de la libertad humana.
La enseñanza católica, como lo explicaba Juan Pablo II, por lo tanto defiende la esencia humana con su inherente dignidad que merece respeto y protección. Juan Pablo expresó preocupación debido a que el mejoramiento genético podría resultar en cambios que "provoquen marginalización fresca" en el mundo al alterar las características humanas y comprometiendo la integridad de los seres humanos. Advirtió que la intervención genética no debe "ser derivada de una mentalidad racista y materialista dirigida a la felicidad humana la cual es realmente reduccionista. La dignidad del hombre trasciende su condición biológica." Lo que es trascendental en el ser humano, nuestra dignidad y libertad, deben ser protegidas de un ataque tecnológico.3 Estos comentarios revelan la preocupación de Juan Pablo II de que el poder de la genética podría reducir a la persona humana a sus genes, una clase de mentalidad como la de Genes-R-Us (juego de palabras que imita la cadena de juguetes Toys-R-Us) que afirma que somos nuestros genes y nada más. Incluso a niveles puramente sociales/biológicos hay una gran cantidad de evidencia para refutar este enfoque cuando consideramos los asombrosos logros de las personas con discapacidades que triunfan en la vida a pesar de las limitaciones de sus condiciones genéticas y de lo que pueda indicar su ADN.
Sin embargo, sabemos por la demanda de drogas para el mejoramiento de la mente y las tecnologías de reproducción asistida, que el consumidor comprará productos para el mejoramiento genético con el fin de producir niños "diseñados" o "bebés biónicos" en cuanto sea seguro y efectivo rediseñar la programación biológica humana. (Aunque surgen otras cuestiones sobre los procesos científicos para el mejoramiento genético de las personas ya nacidas; dichas intervenciones no interfieren con la procreación ni implican la creación y destrucción de los embriones.)
Es claro que nosotros como sociedad tendremos que crear políticas para dirigir las aplicaciones éticas de esta nueva tecnología; o las fuerzas del mercado solas forjarán el curso del mejoramiento genético y los resultados no serán ni convenientes ni éticos. Para participar de la conversación como católico responsable e informado debemos entender las implicaciones del mejoramiento genético en dos niveles: el proceso científico en sí y las potenciales implicaciones éticas para los individuos y la sociedad.
Niños diseñados geneticamente
Los niños diseñados ya son una realidad. Los padres pueden elegir el sexo de sus hijos usando un proceso conocido como selección de espermas, en el cual un técnico puede separar el esperma masculino del femenino ya que éste último posee mucha más ADN y por lo tanto es más pesado. Luego, una mujer es inseminada artificialmente con el esperma del género que ella elija y aproximadamente el 75% de las veces, da a luz el bebé que ella ha elegido. Una encuesta reciente develó que el 60% de los estadounidenses no se siente cómodo con la selección de sexo porque trata a los niños como un producto en lugar de un regalo de Dios que está lleno de sorpresa y asombro. La enseñanza católica también se opone a esta clase de selección de sexo por razones morales adicionales. La Iglesia enseña que la transmisión de la vida humana está ordenada por Dios como resultado de la unión en matrimonio de un hombre y una mujer.4
"El origen de una persona humana es en realidad el resultado de donación. La persona concebida deberá ser el fruto del amor de sus padres. No puede ser querida ni concebida como el producto de una intervención de técnicas médicas y biológicas: esto equivaldría a reducirla a ser objeto de una tecnología científica. Nadie puede subordinar la llegada al mundo de un niño a las condiciones de eficiencia técnica mensurables según parámetros de control y de dominio. La importancia moral de la unión existente entre los significados del acto conyugal y entre los bienes del matrimonio, la unidad del ser humano y la dignidad de su origen, exigen que la procreación de una persona humana haya de ser querida como el fruto del acto conyugal específico del amor entre los esposos. El vínculo existente entre procreación y acto conyugal se revela, por eso, de gran valor en el plano antropológico y moral, y aclara la posición del magisterio a propósito de la fecundación artificial homóloga."5
Hay una segunda forma de producir niños diseñados que, de acuerdo a la enseñanza católica, también utiliza un proceso inmoral. Los científicos pueden producir múltiples embriones en el laboratorio mediante a fertilización in vitro (FIV), luego analizar su composición genética mediante la diagnosis genética de preimplantación (PGD). La ciencia está muy lejos de poder ligar concluyentemente un gene o genes a características complejas humanas como la inteligencia, pero algunos desordenes genéticos, como la fibrosis quística (FQ) son causados por una mutación en un gene que puede ser identificado en el embrión. Los técnicos evalúan los embriones para determinar si tienen el gene de la FQ, descartan aquellos que poseen el gene mutado, e implantan uno o dos de aquellos que están libres de la mutación en el vientre de la madre. Si hay embriones adicionales sin mutación, son congelados para su uso posterior. Este proceso no siempre tiene resulta en un embarazo, pero cuando lo hay, es aproximadamente 100% seguro que los padres darán a luz a un hijo sin FQ. Pero este proceso es intrínsecamente inmoral porque incluye la creación y la destrucción de vidas humanas, reemplaza el acto conyugal e incorpora una intervención de terceros en la concepción.
Los hijos diseñados con inteligencia, estatura, disposición, etc. a pedido son todavía una cosa del futuro porque los genes ligados a estas características no han sido identificados. Mientras que es imposible valorar la moralidad de un procedimiento de un futuro indeterminado, "es difícil imaginar que esto podría ser logrado sin riegos desproporcionados especialmente en la primera etapa experimental, como la gran pérdida de los embriones y el incidente de los contratiempos, y sin el uso de técnicas reproductivas."6 El proceso por el cual actualmente se crean niños diseñados es intrínsecamente inmoral según la enseñanza católica, pero debemos tener en cuenta que cualquier niño resultante de este proceso tendrá la misma posición moral y dignidad que cualquier otro niño. La intención y los medios usados en su creación son irrelevantes para la dignidad y el derecho a la vida que tiene el niño.
"El origen de una persona humana es en realidad el resultado de donación. La persona concebida deberá ser el fruto del amor de sus padres. No puede ser querida ni concebida como el producto de una intervención de técnicas médicas y biológicas: esto equivaldría a reducirla a ser objeto de una tecnología científica. Nadie puede subordinar la llegada al mundo de un niño a las condiciones de eficiencia técnica mensurables según parámetros de control y de dominio. La importancia moral de la unión existente entre los significados del acto conyugal y entre los bienes del matrimonio, la unidad del ser humano y la dignidad de su origen, exigen que la procreación de una persona humana haya de ser querida como el fruto del acto conyugal específico del amor entre los esposos. El vínculo existente entre procreación y acto conyugal se revela, por eso, de gran valor en el plano antropológico y moral, y aclara la posición del magisterio a propósito de la fecundación artificial homóloga."5
Hay una segunda forma de producir niños diseñados que, de acuerdo a la enseñanza católica, también utiliza un proceso inmoral. Los científicos pueden producir múltiples embriones en el laboratorio mediante a fertilización in vitro (FIV), luego analizar su composición genética mediante la diagnosis genética de preimplantación (PGD). La ciencia está muy lejos de poder ligar concluyentemente un gene o genes a características complejas humanas como la inteligencia, pero algunos desordenes genéticos, como la fibrosis quística (FQ) son causados por una mutación en un gene que puede ser identificado en el embrión. Los técnicos evalúan los embriones para determinar si tienen el gene de la FQ, descartan aquellos que poseen el gene mutado, e implantan uno o dos de aquellos que están libres de la mutación en el vientre de la madre. Si hay embriones adicionales sin mutación, son congelados para su uso posterior. Este proceso no siempre tiene resulta en un embarazo, pero cuando lo hay, es aproximadamente 100% seguro que los padres darán a luz a un hijo sin FQ. Pero este proceso es intrínsecamente inmoral porque incluye la creación y la destrucción de vidas humanas, reemplaza el acto conyugal e incorpora una intervención de terceros en la concepción.
Los hijos diseñados con inteligencia, estatura, disposición, etc. a pedido son todavía una cosa del futuro porque los genes ligados a estas características no han sido identificados. Mientras que es imposible valorar la moralidad de un procedimiento de un futuro indeterminado, "es difícil imaginar que esto podría ser logrado sin riegos desproporcionados especialmente en la primera etapa experimental, como la gran pérdida de los embriones y el incidente de los contratiempos, y sin el uso de técnicas reproductivas."6 El proceso por el cual actualmente se crean niños diseñados es intrínsecamente inmoral según la enseñanza católica, pero debemos tener en cuenta que cualquier niño resultante de este proceso tendrá la misma posición moral y dignidad que cualquier otro niño. La intención y los medios usados en su creación son irrelevantes para la dignidad y el derecho a la vida que tiene el niño.
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